Entrevista a Meluca Redón

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Meluca Redón mezcla en sus obras dibujo, pintura y poesía

Meluca Redón: dibujo, pintura y poesía

Meluca Redón Ramos. 38 años. Es una mujer artista natural de Jérica, Castellón. Su trabajo se articula desde el dibujo como base imprescindible de todo lo que hace. La visitamos en su taller, mientras todavía está desembalando los cuadros que llevó a su última exposición en Cataluña.

Acaba de terminar tu exposición en el Celler de Carrencà de Martorelles. ¿Cómo ha sido tu experiencia allí?

La verdad es que todavía me dura la resaca. ¡Resaca buena! (puntualiza), porque no ha podido ir mejor durante todo el proceso. Un amigo escultor, Ricard Mira, que vive en Martorelles y pertenece a la mesa de Cultura de allí me propuso, hace ahora un año, organizar una exposición comisariada por él. Lo vi tan entusiasmado con la idea y me describió tan bien la sala, que en el mismo momento acepté.

Reconozco que luego me dio más vértigo porque pensé en todo lo que conllevaba trasladar la obra (el sitio es bastante grande), organizarme para ir a montar la exposición, etc. Pero tanto Ricard como la gente del Ayuntamiento de Martorelles me lo pusieron todo muy fácil. Ricard y su familia se han tomado muchas molestias con todo y eso, lo que él llama «tener crédito humano» es muy gratificante y muy de agradecer.

Respecto a la parte práctica que tiene toda exposición, también estoy muy contenta porque el día de la inauguración hubo mucha afluencia de gente y además ha sido bastante visitada en los casi dos meses que ha durado.

El cartel de Expo Celler junto a Meluca Redón
Cartel de la Exposición Celler de Carrencà junto a Meluca Redón retratada por David Pastor

¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos te gusta a la hora de hacer una exposición?

Para mí exponer siempre supone una presión, pero ahora que me conozco más, sé que es una presión necesaria en mi forma de funcionar. Me pone las pilas de una manera que no sucede si he de trabajar sin algo a la vista.

He de confesar que las inauguraciones, que suelen ser lo mejor para la mayoría de gente que expone, a mí me superan un poco. Me encanta sentirme arropada cuando veo a la gente, pero me pongo muy nerviosa y si he de hablar suele salir regular. Es algo que no puedo evitar. Si la exposición es colectiva, intento «escaquearme» para que sea otro quien la presente y si es en algún sitio más informal me relajo bastante porque casi nunca es necesario hablar. En cualquier caso, se disfruta muchísimo.

Algo bueno de hacer una exposición es que siempre acabas conociendo a gente nueva, del mismo modo que alguien nuevo te conoce a ti. Luego, si has gustado, ese alguien habla de ti en su entorno y creo que el boca a boca funciona muy bien en este tipo de cosas. Ahora, que además contamos con redes sociales, el hecho de que te recomienden o te etiqueten si les has impactado, hace que de repente un montón de gente nueva sepa de tu existencia.

Cuando expones con más gente (yo casi todas las colectivas en las que participo son con amigos) es precioso porque hay que quedar varias veces y se van estrechando los lazos entre nosotros.

Algo malo es que no siempre amortizas los gastos que tiene hacer una exposición, pero cada vez lo llevas menos mal.

¿Cuándo diste tus primeros pasos en el mundo del arte? ¿Siempre has tenido claro que querías dedicarte a ello o surgió de forma «accidental»?

Desde niña, lo que más me ha gustado con diferencia ha sido dibujar y pintar. Siempre me he visto como pintora, aunque había muchas otras cosas a las que no me hubiera importado dedicarme, como Filosofía o Psicología; en realidad me atraía cualquier cosa que tuviera que ver con las Humanidades.

Mi primer contacto con el óleo fue de bastante pequeña, cuando junto a mi hermano me apunté emocionada a las clases de pintura que daba Juan en el pueblo para niños de todas las edades. Todo lo que ello conllevaba me fascinó; el hecho de pintar un cuadro en caballete pero también el maletín, la paleta, el olor a pintura y aguarrás… Cuando estaba en casa, abría el maletín que compartía con mi hermano y ordenaba los tubos de óleo a todas horas.

Pero no volví a tener ningún tipo de formación artística hasta mucho después. A pesar de tener clara mi vocación, no cursé bachillerato artístico y eso fue algo que lamenté los primeros meses en la carrera de Bellas Artes, ya que me vi muy pez frente a muchos compañeros que ya sabían cosas básicas como hacer el encaje de un dibujo o tener nociones mínimas de perspectiva.

Mirado con distancia, la verdad es que no me arrepiento de haber hecho las cosas como las hice, porque en poco tiempo me puse al día y porque las amistades que hice en el instituto me han acompañado a lo largo de toda mi vida y considero que, de alguna forma, han influido también en la manera que ha transcurrido mi trayectoria artística.

Cuadros "Naufragio" y "Estrella", de Meluca
Obras “Naufragio” y “Estrella”, de Meluca Redón

Es habitual escuchar que es difícil salir adelante en este mundo. ¿Has conseguido vivir de la pintura?

No te falta razón. Es muy complicado vivir de esto y por eso compagino mi trabajo vocacional con media jornada en la empresa familiar.

Es muy romántica la imagen bohemia de la mujer artista que trabaja por amor al arte, pero la realidad es otra y cuando tienes una hipoteca, no puedes ser tan aventurera. Por eso a muchos nos toca hacer otras cosas y aún así, hay meses que para cuadrar números te toca hacer encaje de bolillos.

Personalmente, yo me siento muy afortunada porque tengo esa opción. Mi familia me apoya muchísimo y me permite organizarme sobre la marcha. Poco a poco voy teniendo más trabajo, así que cada vez aparezco menos por la empresa y tener la posibilidad de hacer eso es una gran suerte.

Dices que cada vez tienes más trabajo. ¿Qué has hecho para introducirte en el mundo del arte de manera profesional?

No sé si, como dices, estoy introducida. Este trabajo es muy inestable. Cuando acabé la carrera, viví un tiempo en la burbuja de vender casi todo lo que exponía. Luego llegó la crisis y todo cambió radicalmente.

Reconozco que no supe gestionar este cambio y entré en el bucle peligroso de no querer pintar. Y cuanto menos trabajas, menos inspirada estás. Salvo algún encargo ocasional, pasé largas temporadas sin trabajar y me sentí mal durante mucho tiempo.

Siempre he sido una persona con poca confianza en sí misma y sigo siéndolo, pero al menos ahora he aceptado ciertas cosas, como el hecho de que si haces una exposición lo normal no es venderlo todo y que si no vendes nada tampoco se acaba el mundo, solamente el dinero jajaja. Desde entonces, para motivarme tengo de fondo de escritorio a Picasso con su mítica frase:

La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.

Bueno, el tema es que como hubo un tiempo en que era más difícil vender cuadros de gran formato, comencé a ofrecer opciones más asequibles como minicuadros y objetos ilustrados. Renovarse o morir. Hice un curso de E-Commerce, y hace unos meses abrí la tienda online donde vendo tazas, prints, bolsas, libretas, etc con mis dibujos; que por cierto cree yo misma. No sé cómo saldrá, pero en eso estoy ahora y la verdad es que me encanta esta nueva etapa, sin dejar la pintura y mis exposiciones de lado, por supuesto.

Libreta y mochila corazón de la tienda online de Meluca Redón
Libreta y bolsa “Mi corazón es un fruto seco”, de la tienda de Meluca Redón

En un trabajo como el tuyo, ¿cómo sabes qué precios fijar?

No lo sabes. Al menos yo. La verdad es que siempre es lo que más cuesta: poner precio a mi trabajo.

En cuanto a la pintura, sí que he conseguido establecer de manera aproximada unos precios; nunca sabré si son los adecuados porque hay gente a la que todo le parece caro y gente que te dice eso de «¡ui, qué barato!». Pero bueno, tengo unos precios fijados, así que ya no me tiembla la voz al decir cuánto cuesta lo que hago. A quien le interese, bien y a quien no le interese, pues no pasa nada.

Si hago alguna rebaja es porque quiero, pero no soporto que me regateen. Sin embargo, he de reconocer que cuando me encargan algo que se sale de lo que hago normalmente, ahí me pillan. Nunca sé lo que pedir y acabo consultando con colegas y o por fuentes fiables para hacerme una idea de qué precio es justo.

Respecto al precio de los objetos ilustrados es más sencillo, me baso en una media de lo que hay en mercado, aunque no siempre sale rentable. Desde fuera puede parecer una opción más cómoda para mí, pero hay mucho trabajo que no se ve. Cualquiera que se dedique a ello sabe que no es hacer la ilustración solamente. Es mucho escáner, mucho trabajo digital, buscar buenos proveedores, conseguir un transportista fiable, diseñar etiquetas, tratar de tener un packaging bonito, montarte un mini estudio para tener fotos decentes de los productos, mucho retoque fotográfico, mucho tiempo frente a la pantalla del ordenador para meter los productos en la tienda, actualizar la web, hacer difusión por las redes…

Todas esas horas no puedes sumarlas al precio final de los productos, porque dejarían de ser asequibles. Y si en lugar de hacer tú todo eso tienes a una persona que te lleve la web, un fotógrafo, un Community Manager, etc, entonces sería inasumible.

¿Te produce diferentes sensaciones vender un cuadro y una taza?

El hecho de que una persona esté dispuesta a gastar su dinero (ya sea mucho o poco) en algo que has creado tú, siempre es mágico.

Es cierto que un cuadro suele tener más de mí que los objetos ilustrados. Pero el imaginarme a alguien desayunando cada día con una taza mía o llevando una de mis bolsas al trabajo me resulta encantador. No me parece ningún desprestigio; todo lo contrario. Creo que si contribuyo un poquito a que el arte sea más accesible para todos los bolsillos o a que se introduzca de alguna manera en la cotidianeidad de la gente, eso es algo bueno.

Juego de tazas de café de Meluca Redón
Juego de tazas de café “Te invito a café”, de la tienda de Meluca Redón

Entonces, ¿puede decirse que ahora también eres ilustradora?

Ni por asomo. Que coquetee con la ilustración no significa que esté en posición de definirme como ilustradora. Sé que en España ni siquiera existe la ilustración como sector profesional, pero para mí constituye un sector real y además está muy especializado. No te voy a negar que me encantaría y que además de hacer dibujos para los productos que vendo en mi tienda, he dado mis primeros pasos realizando viñetas para prensa, ilustraciones para algunos libros o etiquetas de vino. Cada vez me gusta más este campo y cuanto más me meto en él, más veo mis carencias. Me queda muchísimo camino por recorrer y mucha formación, pero sí me apetece crecer en este sentido.

¿Cómo organizas tu tiempo, todo ese trabajo, con la vida personal?

El trabajar en casa y el poder disponer de tu tiempo como quieras es un arma de doble filo. A veces pasa el tiempo sin darte cuenta y se te han hecho las tantas trabajando. Hay temporadas de más encargos y te toca echar mano de noches y fines de semana.

En mi caso, además, como de momento no tengo hijos, me organizo el tiempo en base a la cantidad de trabajo que tengo. Conozco gente en mi misma situación y se pone unos horarios digamos «normales» que cada día cumple rigurosamente. Creo que está muy bien pero yo todavía no he conseguido hacerlo.

Sin embargo, el trabajo tal y como lo tengo cuenta también con ventajas: puedes aplazar el despertador si se te hizo tarde la noche anterior frente al ordenador, hacer cosas de la casa mientras seca la pintura o salir sin rendir cuentas a nadie si tienes que hacer alguna gestión; cosas que con otro tipo de trabajo no podría hacer.

Dicen que a pesar de haber evolucionado, Meluca Redón tiene un estilo muy definido. ¿En qué sentido has evolucionado y cómo se consigue ese estilo propio?

Es cierto que cuando echo la vista atrás, veo cambios sustanciales en mi obra, aunque en esencia no ha variado tanto. Supongo que como en la vida, pasas por distintas etapas que hacen que hagas unas cosas u otras.

Yo empecé dedicándome casi exclusivamente al grabado. Siempre he sido partidaria del dibujo como base de cualquier vertiente creativa y el grabado me permitía expresarme de una forma muy cómoda con él. Además, me gusta mucho todo el ritual que lo acompaña. Después, cuando pasé por mis años de «inactividad», lo dejé y no he vuelto a retomarlo.

En mi faceta más pictórica, también ha habido cambios de más figurativo a más abstracto, pero mi obra nunca es 100% abstracta. Casi siempre hay algo de línea, de dibujo; eso es algo que ha permanecido en todas las etapas. Supongo que es a eso a lo que se refieren cuando dicen que tengo un estilo que me define, a mi forma de dibujar. También me han dicho muchas veces que algo que tiene siempre mi obra es una gran carga onírica y poética. Me parece precioso que la gente considere que tengo un estilo propio porque creo que es complicado conseguirlo, pero a su vez me asusta un poco. No quisiera que esto me hiciera caer en el error de hacer siempre lo mismo.

Creo que hay que encontrar la proporción adecuada entre la ilusión por no dejar de experimentar y no perder tu esencia buscando tendencias o estilos que te gusten de otros a quienes admiras.

¿Crees que es real la desigualdad entre hombres y mujeres en el mundo del arte?

Sí, claro que sí. En muchas profesiones existe. Pero pienso que en la cultura las mujeres hemos sido especialmente invisibles. El hombre se ha visto como genio, como artista. La mujer como inspiración del genio, como modelo.

Viñeta para el Mundo de Castellón realizada por Meluca Redón
Viñeta periódico El Mundo para el día de la mujer

Es cierto que ya no estamos en el siglo XVI; entonces una mujer no tenía permitido ni tan siquiera formarse como artista. Si quería hacerlo, debía ser en el ámbito privado. Los desnudos y los temas considerados de importancia como la mitología o la historia nunca debían ser representados por mujeres.

Además de dar por hecho que una mujer no podía tener creatividad, no se le permitía participar en actos públicos por lo que el vivir del arte se convertía en misión imposible.

Hace tiempo me emocionó leer sobre Sofonisba Anguissola, una pintora renacentista que supuso un antes y un después para la mujer en el ámbito artístico. Fue pintora de la Corte de Felipe II y su obra fue alabada por el mismo Miguel Ángel. Pero a la hora de la verdad, muchas de sus obras se atribuyeron a hombres por no haber tenido permitido firmarlas. Así que si de manera muy excepcional alguna mujer triunfaba, acababa cayendo en el olvido.

Afortunadamente, algo hemos avanzado. Ahora todos tenemos las mismas oportunidades de formación. Pero no deja de llamar la atención que, siendo mayoría las mujeres alumnas en este campo, exista una inequidad tan grande en la visibilidad de la mujer artista y sobre todo, en el mercado del arte. Ya sea en museos, ferias o subastas, la presencia de mujeres artistas es significativamente inferior a la de los hombres.

Sí, obviamente hay mujeres que han conseguido triunfar, pero así y todo, sus obras se han subastado por cantidades bastante inferiores a las de artistas masculinos. Me entristecen especialmente declaraciones como la de Baselitz, y más siendo un artista contemporáneo, que en pleno siglo XXI opine sobre la desigualdad entre hombres y mujeres en el mercado del arte diciendo que no existe tal desigualdad, que si no hay más mujeres que triunfen es sencillamente porque es un hecho que «las mujeres no pintan muy bien».

¿Qué consejos darías a alguien que quiera dedicarse al arte y tenga dudas sobre si tiene o no futuro? ¿Cuál es la cara de la moneda que no se ve desde fuera?

Lo primero y principal es animarle a que lo haga. Siempre.

Lo del futuro siempre nos lo hemos tenido que oír los que hemos decidido matricularnos en Bellas Artes. Y todavía hoy hay gente que me dice: «Si hubieras sido profesora, tendrías un sueldo seguro». Pues es verdad, pero al final hay que hacer lo que a una le gusta.

Le diría que, sin abandonar la idea de dar lo mejor de uno mismo, sí abandone la idea de genio creativo porque puede ser contraproducente y muy frustrante.

Le diría que ser artista no es solamente pintar, esculpir, ilustrar o restaurar. Que tiene mucho camino recorrido si hace bien su trabajo, pero que no es suficiente. Que de golpe y porrazo se encontrará con que tiene que enfrentarse a todas las cuestiones que tiene cualquier pequeña empresa: las leyes, los autónomos, los impuestos, el cómo se factura cada trabajo, llevar un control contable, las declaraciones trimestrales de iva. Que tiene que hacer visible su trabajo.

Le diría que la realidad de este país para el emprendedor es muy dura pero que la situación es la que es y no por ello hay que renunciar a un sueño. Porque resulta que si analizamos la vida, donde más tiempo pasamos es en el trabajo y no hay dinero que pague el pasar todo ese tiempo haciendo algo que haga cantar a los pajarillos que tienes dentro.

Obra "Refugio" de Meluca Redón
Obra “Refugio”, de Meluca Redón

A propósito de la idea de genio creativo. ¿Es real la imagen que a menudo se da del espíritu atormentado del artista?

Particularmente, yo sí he padecido muchas veces los efectos de espíritu atormentado; pero no creo que sea producto de ser un genio creativo. Ni siquiera pienso que sea cuestión de ser artista. Sencillamente, son formas de ser y el que es así lo es siempre, ya sea artista, jardinero, fontanero o arquitecto. Tampoco creo que sea nada bueno, porque las personas que somos así tendemos a sufrir por cosas que para la mayoría carecen de importancia.

En cuanto al genio, también es un concepto que queda muy bien pero la realidad es que los verdaderos genios pueden contarse con los dedos de las manos. Estas navidades me regalaron un librito de Austin Kleon que hablaba de ello; dice algo así como que cada uno tenemos nuestro papel y que si nos aferramos a la idea de genio solitario, la creatividad se convertiría en un fenómeno antisocial reservado a unos pocos. No me gustan las etiquetas, ni siquiera me siento cómoda con la de artista en según qué contextos.

¿Qué propósitos tienes para este año 2018?

Tengo muchos propósitos en ese momento, no sé si se llevarán a cabo, pero la actitud es la de intentar que así sea. Me gustaría desempolvar el tórculo y retomar el grabado, completar mi formación relativa a la ilustración y hacer efectivas varias exposiciones que desde hace mucho tengo comprometidas pero que, por confianza, he ido aplazando. Lo mismo que encargos pendientes desde hace mucho… qué paciencia tienen algunos.

¿Que encontraremos al visitar la tienda online de Meluca Redón?

Todo tipo de cosas con mis dibujos: láminas, tazas de porcelana, tazas metálicas, postales, bolsas de tela, libretas, camisetas… Poco a poco voy introduciendo productos nuevos; lo último que he hecho son los baberos para bebé y este año llevo en mente incluir alguna cosita más. También ofrezco la opción de comprar productos personalizados que hago adrede para el cliente, como tazas o cuadritos.

Puedes visitar la web de esta artista plástica en www.melucaredon.com.

Gracias, Meluca Redón, por esta estupenda entrevista.

¿Te apetece ver la vida de otra manera o conocer a gente que ya lo hace?

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