¿Te gustaría vivir desde tu centro?

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vivir desde tu centro

Hace un tiempo cuando escuche de un extraordinario ser humano la frase «Vuelve a tu centro, Cristina» me sonó a chino mandarín del siglo pasado.

¿Volver a mi centro? ¿Qué centro? ¿El centro estomacal? ¿El centro abdominal? ¿El centro cardiaco? ¡¡¡¿Qué centro por Dios?!!!

Ahora, pasados varios años, soy yo misma quien me repito interiormente, muy a menudo, esta frase: Vuelve a tu centro, Cristina.

Y la mayoría de veces funciona con una simple y profunda respiración consciente. Otras me cuesta varios minutos de respiraciones; y las menos, tengo que cerrar los ojos, aislarme del exterior, alejarme de aquella situación que me está incomodando, para no soltar algún improperio del que luego me arrepienta…

Como ves voy mejorando con la práctica.

La respiración es la herramienta que utilizo tras meses y años de entrenamiento.

Una simple y serena respiración… esa es la que me sitúa ahí, en mi centro.

Te preguntarás ¿Y cuál es tu centro?

Mi centro es un “estado de serenidad y quietud interno” al que acudo cuando necesito ayuda para sostener el oleaje externo de aquellas vivencias que me descolocan a nivel emocional o que me remueven las entrañas o que perturban mi paz interior.

Lo siento, reconozco que aún no soy lo suficientemente Zen como para mantenerme impasible en el puesto de testigo observador, del que hablan los maestros orientales y no intervenir cuando algo me molesta o me saca de mis casillas.

Estoy aprendiendo a serlo y aspiro a conseguirlo; pero todavía me siguen afectando los sucesos incómodos que me rodean; las actitudes de las personas con las que me relaciono e hirviéndome la sangre ante aquellos comportamientos relacionados con faltas de respeto, injusticias y abusos.

Me cuesta muchísimo, quedarme impasible ante ello y simplemente observarlo sin juzgarlo.

Encentra tu centro para vivir en él

Si a ti, de vez en cuando o frecuentemente o muy a menudo ¡Qué más da la frecuencia!; te ocurre algo parecido a mí, viviendo situaciones cotidianas es las que te sientes incómodo y no sabes que responder; o te afecta desproporcionadamente el trato irrespetuoso de jefes o compañeros de trabajo; o reaccionas de forma impulsiva ante alguna que otra situación, conduciéndote a un desbordamiento emocional y luego te arrepientes de ello; o estas ante la típica persona que te saca de quicio y no puedes evitar tener pensamientos del tipo ojala no existiera; o reaccionas ante algo insignificante como si te fuera la vida en ello; o simplemente estas en uno de estos días que te dices ¡No puedo más!, me siento perdido, no sé por dónde seguir, qué hacer…

Si en algún momento te has sentido así, sigue leyendo los 5 sencillos consejos que te servirán para volver a tu centro, calmarte y desde ahí actuar.

Eso sí, ya te digo desde este momento, que se necesita practicarlos, que esto no es un cambio de un día para otro. Se requiere constancia en su práctica para integrarlos en nosotros; sin embargo, os digo que merece la alegría este pequeño esfuerzo diario.

5 consejos para volver a tu centro

Aquí te los presento y te invito a que los vayas introduciendo gradualmente en tu cotidianidad de vida, para que sea más fácil su integración:

1. Buscar cuál es tu centro en ti

Te he comentado que mi centro es un estado de serenidad y quietud interior donde me siento segura.

Este centro me llevo algún tiempo identificarlo en mí, así que te invito a que pases todos los días algún rato contigo mismo, en silencio, sin hacer nada, preferentemente sentado, para encontrar tu centro.

Siéntate en el suelo o en una silla, donde estés más a gusto.

Si eliges el suelo, colócate un cojín en la zona del culete para elevar la pelvis y te sientas más cómodo. La espalda firme y recta, pero no tensa; hombros relajados, caídos y hacia atrás; manos descansando en el regazo; barbilla ligeramente recogida, pero sin agachar la cabeza, como si un hilo invisible tirara de tu coronilla hacía el cielo.

Desde esa posición, lleva la atención a tu cuerpo. Siéntelo.

Respira y concéntrate en encontrar tu centroObserva aquellas zonas donde hay tensión y procede a relajarlas utilizando para ello la respiración. Lo ideal es hacer una especie de scanner corporal, comenzando por la cabeza y acabando en los pies, sintiendo cada zona del cuerpo (cabeza, hombros, brazos, espalda, abdomen, etc.), para finalizar con un enfoque global del mismo.

Te garantizo que hacer este sencillo ejercicio diariamente te va a servir para conocer cada día un poco más las sensaciones sutiles de tu cuerpo y esto a su vez te permitirá ir reconociendo tu malestar interior cuando estés ante una situación que te incómoda.

El cuerpo habla, sólo has de aprender a escucharle y para ello lo mejor es pasar tiempo con él a solas.

2. Anclar ese centro

Con ayuda de alguna herramienta externa. En mi caso con una APP de móvil gratuita llamada MindBell, (ya te digo de antemano que no me pagan royalties por hacer publicidad de ella), me programo el sonido de una campana tibetana para que suene cada «X» tiempo, puede ser cada hora o cada media hora…

Te recomiendo que al principio lo programes cada dos horas para que no te afecte mucho este pequeño cambio en tu vida. Serás tú mismo el que vaya modificando el tiempo de la carencia según tus necesidades.

Eso sí, cuando suena ese gong simplemente paro lo que estoy haciendo (salvo si voy conduciendo o alguna actividad que en ese momento no pueda ser interrumpida), hago un mini chequeo en mi cuerpo para ver si hay alguna zona del mismo tensionada y procedo a relajarla utilizando tres o cuatro respiraciones profundas, prestándoles toda mi atención a esa zona.

Este sencillo ejercicio te servirá para conectar frecuentemente, por unos segundos con tu cuerpo y así darte cuenta de cuáles son las partes de tu cuerpo que suelen cargar con más tensión y ayudar la liberarla para no acumular.

3. Aceptación

Es de vital importancia que reconozcas y aceptes cada emoción que sientas, sin juzgarla de buena o mala, negativa o positiva.

La emoción es algo que nos viene a decir algo y hemos de aprender también a escuchar su mensaje.

¿Qué quiere decir esto?

Muchas veces las personas inconscientemente nos negamos a sentir lo que sentimos porque o bien, es muy doloroso y cortamos la emoción porque es muy intensa; o no está bien visto socialmente sentir ciertas emociones (los hombres no lloran o las mujeres no se enfadan, por ejem.); o es más fácil, mentir al otro para que no se enfadeque reconocer lo que sentimos; o porque simplemente no sabemos ponerle nombre a lo que sentimos y lo negamos; o porque nos gustaría sentir una emoción diferente a la que estamos sintiendo; o… (Añade tú lo que resuene en ti).

Esto sucede a diario y muchas más veces de lo que nos gustaría.

Os pongo un sencillo ejemplo:

¿Cuántas veces al día habéis contestado a aquellas personas que os preguntan qué tal estáis, con un cortes Bien, gracias, cuando os gustaría haber dicho estoy hasta las narices, o cansado, o aburrido, o enfadado ¿Cuántas? …

¿Piensas que es una tontería decirle realmente lo que sientes a una persona que te pregunta «¿Cómo estás?»

Pensaras: ¡¿Te has vuelto loca, Cristina?! Como vamos a ir diciendo por ahí a cualquier persona que nos pregunte, lo que realmente sentimos.

¿Nos estas diciendo que seamos transparentes y sinceros? ¿Mostrarnos tal como somos?

¡Oh Dios! ¡Con todo lo que nos ha costado confeccionar esta armadura para proteger nuestros sentimientos y que nadie nos pueda hacer daño y ahora vienes tú a decirnos que nos mostremos… Uy, Uy, Uy.

Sinceramente te digo que ibas a sorprenderte de la buena acogida que los demás te muestran cuando les contestamos algo completamente diferente a lo que esperan, les descolocamos y los sacamos del modo robotito.

Me imagino que cuando alguien nos pregunta ¿Qué tal? o ¿Cómo estás? es porque le interesa saberlo; y si no le interesa saberlo y sólo era por compromiso, no te preocupes, ya verás como la siguiente vez que te cruces con él o ella no te preguntará nada, a lo mejor ni te saluda y encima te hace un favor.

He decirte que es importante ser coherente con lo que sentimos en cada momento, primero por nosotros mismos y luego porque los demás.

Al verbalizar lo que sentimos en el momento que nos están preguntando, estamos reconociendo algo que sentimos en ese preciso instante.

El reconocerlo es el primer paso para la aceptación.

Segundo. Porque así vamos a ir evitando que los demás nos pregunten por compromiso y sólo quedaran aquellas personas que de verdad les importe como nos sentimos.

Tercero. Merece la alegría ver las caras de asombro de las personas cuando están esperando un simple: «Bien, gracias» y tú sueltas «Estoy muriéndome de asco» o «estoy estresadísima» o cualquier cosa que sientas en ese instante que te están preguntando.

Cuarto. Te lo agradecerás a ti mismo ya que no vas a ir acumulando energía emocional en tu cuerpo que a la larga produce tensiones musculares, rigidez y otros síntomas más graves que, pueden llegar a ser partícipes de enfermedades crónicas.

Así que sea lo que sea lo que estés sintiendo, acéptalo sin juzgarlo. Esto te aportara coherencia.

EL centro está en el interior

4. No somos eso

Esta frase tiende aligerar la carga en nuestro corazón. Reconocer que no somos lo que sentimos o pensamos alivia el peso del sentir y del pensar.

Que flaco favor nos hizo Descartes al decir: «Pienso, luego existo».

Esta frase tan contundente, hizo que durante décadas las personas se hayan identificado con la mente, creyéndose que eran lo que pensaban, aún a día de hoy quedan muchos residuos de ese paradigma.

¿Cómo es posible que nos identifiquemos con los pensamientos cuando estos son efímeros? ¿Cuánto tiempo puedes sostener el mismo pensamiento de forma voluntaria?

Sinceramente, ¿pensamos libremente o son los pensamientos los que vienen a nosotros? Y multitud de preguntas me vienen cuando hablo de los pensamientos. (Ya le dedicare un artículo en otra ocasión)

Continuemos. Nos hemos identificado durante años con lo que pensábamos, creyendo que éramos eso, que cuestionar el pensamiento puede producir más de una y dos y tres y multitud de resistencias.

Pero os garantizo que este discernimiento os provocara una enorme liviandad.

Te invito a realizar este ejercicio cuando te veas inmerso en un bucle de pensamientos o emociones del que no puedes salir; o cuando te veas juzgándote cruelmente por sentir lo que sientes o pensar lo que piensas; o cuando te trates de torpe, tonto, inútil, incapaz, u otra serie de adjetivos con los que nos maltratamos en algunas ocasiones…

Para y dite a ti mismo muy amablemente este maravilloso mantra: Yo no soy eso.

Esa desidentificación con el pensamiento o el sentimiento, te permitirá tomar una distancia prudencial para darte cuenta de lo temporal que son ambos, a la vez que te ayudara a activar en tu interior, un cada vez más, presente Testigo observador de lo que ocurre a tu alrededor, sin identificarte con ello.

5. Esto también pasará

¡No te puedes imaginar las veces que esta frase me ha salvado!

La utilizo cuando la necesito como si de un flotador se tratara.

Cuando estás viviendo una situación en la que no ves la salida, no sabes por dónde tirar, te ves incapaz de dar el paso siguiente, crees que el mundo se ha derrumbado a tus pies y no tiene ningún sentido seguir adelante…

Cuando estás viviendo esos momentos de frustración y decepción porque las expectativas de algún proyecto, sea a nivel personal o profesional, no se han cumplido y ni si siquiera se parece una mica a lo que habías imaginado…

Cuando el dolor de una perdida, o una separación, o un rechazo, o un abandono, o una humillación, o una injusticia; sientes que es tan grande, tan grande, que te va a partir el mil pedazos el corazón y crees morirte…

Recuerda que ante cualquier problema que esto pasará

Recuerda esta frase: Esto también pasará.

Si miras en retrospectiva los momentos vividos hasta ahora, puedes darte cuenta de que a lo largo de todos estos años has pasado por algunos o muchos momentos difíciles, que pensaban que jamás saldrías de ellos y al final los superaste.

¿Por qué? Porque nada es permanente y todo cambia.

La vida es cambio constante, la naturaleza es una gran muestra de ello. Y ser consciente de que cada acontecimiento que vivimos, por muy doloroso que sea en ese momento, todos sabemos, en lo más profundo de nuestro ser, que ese dolor se diluirá en los brazos de la comprensión.

Si puedes ayudarle a que se disuelva más bien pronto que tarde, te ahorraras horas, días o semanas de sufrimiento innecesario. Comprender que esto también pasara, que nada es permanente, que todo es cíclico es un gran apoyo para acelerar este proceso.

Así que te invito a que cuando sientas que estas experimentando una situación insostenible, que crees hundirte en las profundidades de la angustia y la desesperación, creyendo que no podrás salir a flote. Sumérgete conscientemente en ese dolor, siéntelo en cada poro de tu piel, conviértete en él y luego dite a ti mismo: Esto también pasara.

Este ejercicio te ayudara a ver el dolor con otros ojos, los ojos del alma, reconocerlo, darle su espacio, vivirlo, permitir que se exprese en toda su magnitud, sumergirte en él completamente para luego soltarlo. No quedarte enganchado a él permanentemente.

Todos los seres humanos disponemos de un fondo infinito de paz y serenidad interior capaz de sostener el oleaje amargo de lo emocional.

La mayoría de las personas que viven momentos de sufrimiento y que se quedan enganchados en él, es por intentan surfear las emociones en la superficie del oleaje, en lugar de lanzarse a las profundidades y bucear en el abismo del océano.

Ninguno hemos sido capaces de superar una ola enorme en el mar pasando por encima de ella, siempre nos hemos sumergido para traspasarla. Pues hagamos lo mismo con el dolor que sentimos frente algunas situaciones que se nos presentan en la vida.

Las aguas más profundas son las más serenas.

La vida es un gran misterio en el que se va reflejando una tabla de pérdidas y ganancias. Tanto las ganancias como las perdidas forman parte de la misma y hemos de aprender a vivir con la misma serenidad los momentos de bonanza como los momentos de sequía.

Es de vital importancia este entrenamiento para poder reconocer ese espacio de silencio interior con el que conectar y darte así un respiro al ruido mental, acallando pensamientos, emociones, deseos, etc.

Esto es una especie de mini meditación que te ayudara a buscar dentro de ti la paz que somos y, que muchas veces y muchas personas hemos buscado fuera durante mucho tiempo mirando en lugares, viajes, ocio… esperando encontrar allí lo que hay aquí.

La salida es hacia dentro.

¿Te gustaría vivir desde tu centro?
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2 Comentarios

    • Nerea gracias por tu aportación.

      Efectivamente, una de las máximas de la sabiduría perenne habla de conocerse a uno mismo para conocer el mundo.

      Invertir en el autoconocimiento es, si cabe, una de las inversiones más enriquecedoras que existen y que nadie te puede «quitar».

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